El jueves 2 de Febrero participé en unas jornadas organizadas por la Diputación de Barcelona sobre cultura y proximidad. El resultado fue francamente deplorable, este acto me confirmó que la gente que piensa sobre proximidad es más bien distante. Todos mostraban un nivel de reflexión académico, solo accesible a los especialistas y que no resuelve las dificultades del acceso de la cultura a la mayoría de la sociedad. ¿Será verdad que las personas que piensan y gestionan la cultura en España vive de espaldas a la realidad que se vive en la calle?
A partir de este dia he recuperado una serie de textos que escribí hace un tiempo y que en su momento me ayudaron a formarme un discurso de la actividad que en aquellos momentos estaba realizando. Voy a intentar recuperarlos en este blog.
Un texto decía lo siguiente:
En Europa, uno de los temas que más preocupa a las Instituciones Públicas de cara a diseñar las políticas culturales es hacer llegar el consumo cultural a la mayoría de la población. Llenar teatros, vender libros, la asistencia a los museos son considerados como los indicadores más importantes del éxito o fracaso de las políticas culturales. El desencanto es enorme cuando se observa que estos datos varían muy poco de un periodo a otro y, en caso de aumentar, se trata de la misma gente que ha mejorado su tasa de asistencia. Los excluidos de la oferta cultural en Europa son mas del 50% de la población.
La política de creación de grandes equipamientos culturales y circuitos de presentación de la oferta cultural ha estado dirigida a ordenar y dar salida a la creación artística para los que ya son consumidores de la cultura con la idea de que servirá de polo de atracción para los que no participan. Comprobado lo erróneo de esta suposición los poderes públicos no han sabido reaccionar de una manera efectiva para discernir el porqué del fracaso de sus políticas culturales.
Las propuestas que hacen los grandes equipamientos culturales, separada de la mayoría de la población, ligada a los grandes escaparates culturales, está contrapuesta a la "cultura de proximidad". Esta tiene lugar allá donde vive la gente, los barrios, comarcas, pueblos y se realiza conjuntamente con la gente, contando con su participación y tiene como manifestación prioritaria las ARTES URBANAS.
Las políticas de proximidad se engloban dentro de las "políticas socioculturales" y se caracteriza por tener presupuestos mínimos, con relación a los presupuestos que manejan los grandes centros culturales y, a una visión de la cultura y del arte falta de exigencia, de riesgo y de investigación. Pero, sobre todo, considera el hecho social por encima del hecho artístico y, de esta manera, los resultados artísticos pierden valor frente a temas prioritarios como son la "cohesión social" o la "integración".
Hace falta redefinir los conceptos de "cultura" u "oferta cultural" y ligar el trabajo artístico a las políticas de proximidad de manera que la creatividad surja de la colaboración de los creadores contemporáneos con los movimientos populares y que aquellos se nutran de los otros. Paralelamente hará falta dar a la "calidad" un significado diferente, mas ligado a unos procesos concretos que ceñirse a un marco formal definido por un grupo de críticos y teóricos del arte.




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